8 de octubre de 2012

El Messi-as - Eder Carlos Alberto



3º Concurso Internacional de Poesía y Narrativa
EL MENSÚ EDICIONES 2012




3º ORDEN DE MÉRITO:
El Messi-as
Eder Carlos Alberto
Etruria (Córdoba)


Los tres hinchas ya habían atravesado media pampa húmeda con sus trapos a cuestas y las bolsitas de papel picado, se les notaba en el rostro un cierto cansancio ¡y no era para menos! venían atravesando bañados, cañadones, cruzando arroyos tratando de que no se arruinaran los presentes que llevaban en un pequeño carrito. Muchas noches la pasaron durmiendo en pueblitos pequeños, perdidos en la inmensidad, donde casi siempre los hinchas del lugar los cobijaban en su club de barrio ofreciéndoles lo poco que tenían: algún choripán, un poco de vino tinto de cajita y un vestuario o cuartito frío y húmedo para pasar la noche; otras dormían a la intemperie sin más techo que el travesaño de un arco improvisado en algún potrero donde los pibes armaban un picado en un instante. Sin embargo, a pesar del frío y las incomodidades, marchaban alegres tal vez porque la misión que debían cumplir les daba una fortaleza y un temple de acero.
Venían siguiendo la estrella que los profetas habían anunciado. Se les había revelado el secreto una noche en que estaban preparando los trapos para el domingo, cuando de pronto se escuchó una voz como trompeta que les dijo:
-Prestad atención, allá por el mes de  junio en una ciudad cerca de un puerto a orillas del Paraná, en una casa humilde de padres trabajadores nacerá “ el elegido”, yo pondré en el cielo una estrella que brillará mucho más que las otras, vosotros deberéis seguirla, ella os guiará hasta el lugar mismo donde nacerá el niño, esa estrella será el signo de que él también será una estrella que brillará por mucho tiempo en el firmamento de las ilusiones de los campeonatos mundiales, tendréis que tener paciencia porque él no será profeta en su tierra, su luz iluminará a otras multitudes pero llegará el momento en que los bañará de gloria a ustedes y a todos aquellos que deliren por una celeste y blanca. Deberéis llevarle regalos para recibirlo y no os preocupéis por lo demás, la estrella los guiará cual si fueran reyes magos. Andad y cumplid en nombre del reino de las tribunas, de los hinchas afónicos, de los tejidos romboides.
Y sin pensarlo dos veces, salieron y siguieron a la estrella. De esto ya hacía varios días, no llevaban bien la cuenta pero tal vez había pasado más de un mes desde que venían tras el brillo que les iba alumbrando el camino, cada vez la veían más cerca y  más resplandeciente, prácticamente estaba sobre sus cabezas, y ahora que la miraban bien ya no era una estrella, brillaba como ellas pero en vez de rayos tenía  gajos hexagonales cosidos con hilos de plata.
Ya el aroma del puerto de Rosario les llegaba claro y nítido a sus narices, el Paraná como un gran espejo reflejaba el fulgor de la estrella, ¿o era una pelota? Ahora que la veían espejada en el agua ya no parecía una estrella era una pelota de fútbol, el Paraná devolvía su imagen clara que se bañaba, entrando y saliendo del agua.
Por primera vez la sombra de una duda se les presentó, ¿y si no eran bien recibidos por la familia del elegido? ¿Si pensaban que eran unos locos sueltos? En realidad su aspecto no era el más correcto para presentarse a ofrecer regalos a un recién nacido y además con una historia medio rara, pero la voz les había dicho que no se preocuparan que todo sería resuelto y la verdad que hasta ahora no les había fallado a pesar de las dificultades del viaje jamás habían sido abandonados, el brillo siempre los guió por los senderos correctos, nunca dudaron en las bifurcaciones del camino, siempre surgía algo que les solucionaba los inconvenientes, así que ahora no sucedería lo contrario, seguirían adelante con la misma fe que los había guiado hasta acá.
Al llegar a una casita humilde la estrella-pelota se detuvo en seco, la luz que emanaba de ella iluminó la casa para que la identificaran y luego fue apagando su brillo y bajando suavemente. La pelota ya sin luz anidó entre los trapos,  las bolsas de papel picado y los demás regalos que llevaban para el elegido.
Se acomodaron un poco la ropa para tratar de estar presentables, se pasaron la mano por los cabellos para intentar un peinado decente y tímidamente llamaron a la puerta. Fueron recibidos por los miembros de la familia, inmediatamente los hicieron pasar como si los hubiesen estado esperando y, ante el asombro de ellos, los llevaron hasta un pequeño cuarto de la casa; allí en una pequeña cuna como cualquier otro mortal estaba el elegido al que lentamente comenzaron a entregar los presentes que traían para él; unos trapos agitados con leyendas, una bolsas de papelitos que desparramaron sobre la cuna, una camiseta con rayas verticales celestes y blancas con el número 10 en la espalda, y la pelota-estrella que los había guiado hacia la casa, suavemente la depositaron a los pies de la cuna y en un acto de profundo respeto se arrodillaron y como si el elegido los escuchara pronunciaron las siguientes palabras:
-Aceptad Elegido estos humildes presentes: los trapos con leyendas para que no olvides de dónde vienes; los papeles picados como símbolo de la alegría de un pueblo que espera otra copa; la camiseta, armadura con la cual enfrentaras los equipos más temibles y la pelota-estrella con la que brillarás en el firmamento de los campeonatos mundiales; y cuando al fin puedas levantar la copa, la multitud enronquecida ya no te llamara más Leo serás León porque dejarás de ser el elegido para ser el Rey. Salud Majestad.