13 de noviembre de 2011

El baile. Carlos Leonardo Cabrera


El baile
Carlos Leonardo Cabrera
La Plata, Buenos Aires
3ra. Mención





Cuando estaba por terminar  Carnaval, el club anunciaba un gran baile que se llamaba “familiar”.
A mi me gustaba cuando decía así porque quería decir que iban a llevarme y además mi papá hacía ir a mi hermano que iba de malagana pero obedecía porque por más que fuese grande tenia que obedecer a los padres y también porque  mi papá era importante en el club. Era uno de los que mandaba y como jugaba muy bien a las bochas y hasta tenía en casa dos copas que había ganado a ese juego, era famoso.
A mi hermano le daba rabia tener que ir.  A mí me daba risa verlo enojado.
Salimos todos juntos para ir al club: yo, mi mamá, mi papá, mi hermano, con cara de enojado, y mi tía Rosita con el novio.
Cuando llegamos había mucha gente y todos nos saludaban porque  todos lo conocían a mi papá.
Los grandes bailaban en el salón grande donde había mesas alrededor contra la pared y un escenario al fondo. Estaba todo adornado con serpentinas y globos.
Para lo chicos había un lugar más chico donde jugábamos con papel picado, serpentinas, pitos y matracas que nos regalaban al entrar, pero el papel picado y las serpentinas si se terminaban había que comprarlos. Las levantábamos del suelo y era lo mismo.
Desde donde jugábamos se oía la música de los grandes, había dos orquestas con cantantes, una  que tocaba tangos y otra que tocaba todas las otras músicas. Las dos tocaban en el escenario.
Yo  a cada rato me iba para el salón grande para ver bailar a los grandes.
Mi tía Rosita  no se perdía una pieza, mi hermano bailó con más de una  chica y mi papá y mi mamá bailaban todos los tangos, por eso me pareció raro que cuando anunciaron un bolero, salieran a bailar.
El locutor lo anunció a los gritos.
–¡La voz  romántica de Pedro Velásquez, para que todos bailen  bien juntitos!
Mi papá y mi  mamá siempre se iban al centro de la pista para bailar, no sé por qué, mi tía y el novio, no, empezaban a los costados. A mi hermano no podía ver dónde estaba.
La orquesta empezó y todos empezaron a moverse, despacio, algunos apenas se movían del lugar donde estaban, parecian como que estaban inmóviles.
Me quedé al costado del escenario porque de ahí podía ver bien a mis papás. Ellos daban vueltas lentamente. A veces se me perdían porque otros se ponían adelante y me tenía que andar corriendo de lugar alrededor de la pista y otras veces me tenía que agachar y mirarlos  por entre las piernas de los  que estaban parados.
Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta la noche
la última vez
El brazo de mi papá tapaba toda la cintura de mamá y su mano grandota se perdía en el costado donde más ajustado estaba el vestido.
La mano de mi mamá abrazaba el cuello de mi papá   tocando un poco la camisa y otro poco la piel que quedaba debajo del pelo.
La cabeza  de mi mamá estaba escondida en el hombro de papá. Alcanzaba a ver nada más que su pelo sobre el que papá apoyaba su cara, con los ojos cerrados.
Las manos de los dos no estaban agarradas arriba como cuando bailaban tango, estaban agarradas, sí,  pero pegadas al cuerpo.
La mano de mi mamá estaba más perdida que antes en el pelo de papá.
La mano de papá se movía lentamente por la cintura de mamá.
Las cabezas se separaron  y se miraron
La boca de  mi papá se acercó a la de mi mamá y le dio un beso.
Mi mamá se rió, mi papá también.
Se dieron otro beso y volvieron a juntar las cabezas.
Nunca los había visto besarse así en la boca. Fue impresionante.
Bésame, bésame mucho
que tengo miedo a perderte
perderte deeeeeeeeeeeespuéeeeeeeeees...
Todos aplaudieron.
Yo no pude.