17 de septiembre de 2013

Prosa Río 3_100 . Carlos N. Godoy


Algunos relatos breves de experiencias de vida, esas que por alguna razón saltaron al ruedo en ese momento. Algunas vividas como actor, otras observadas con las vivencias propias de la que dicta la distancia. Desde el 29 de agosto de 1950 hasta estos días. Si bien hay aspectos de vida individual en estas historias cortas, mi vida es el resultado de un esfuerzo colectivo, de toda una cultura armada alrededor de una ética y honestidad colectiva. Es un

a historia de amor entre uno y su aldea de entonces y la ciudad de hoy, es un romance donde no ha habido y no hay dudas. Está anclado en mi corazón y en mi conciencia. Me eleva pensarte y nunca me sentí abandonado por esta relación única. Da gusto tenerte en cada pensamiento, sentir la ternura al llegar a tus calles, a tus barrios, al mío, Castagnino que me vio nacer, a mi querida Mitre que además de enseñarme a leer y escribir, me enseñó a amar a esta tierra donde nació hace cien años un lugar para soñar.
Carlos N. Godoy






Simplemente Río Tercero

1
Quisiera imaginarme mirarte a tus ojos figurados,
quizás en dos estrellas, o dos flores, o dos lágrimas,
o dos pensamientos, dos sentimientos, o dos locuras,
o quien sabe dos qué, quieran dos saberlo; pregunten,
la respuesta no será sacada de la galera, es espontánea:
te quiero, te amo inconmensurablemente, te amo.
Caminando por alguna nube, o alguna isla, o algún sendero,
o divagando por los suelos que hacen al pensamiento libre,
transitando por quien sabe que huellas o no huellas, que
puede importar cuando el ser ha salido a cabalgar rumbo
al infinito, o un poquito mas acá, donde el fuego sus cenizas
dejó como marcando un territorio que no tiene dueño,
donde la tierra tibia convoca a contar esas historias guardadas
en los archivos de la memoria, o mejor dicho de la mente,
allí donde solo hay lugar para las sonrisas del buen vecino,
o amigo, o quien quiera estar donde se celebra la vida.

2
Te quiero desde donde vos siempre estuviste, hasta
el más allá de donde yo esté, con ese puente que une
la distancia que se extiende en el tiempo resucitado
con los que a sus raíces se las riega con augurios de
los buenos, con la siempre verde esperanza de sentarse
en un umbral, o el cordón de una vereda, o la mesa de
algún vecino que aún retiene en su memoria que de allí
salió un ser que lleva y pasea por doquier este pasado,
este presente, y un infinito futuro regado de alegrías.
Me paro en cualquier geografía y tu brújula mágica
me lleva al buen sitio, donde anida el que espera,
donde una golondrina te trae algún mensaje con
el aroma del pago, perfumes que saben a alguna gloria,
esas glorias que alguna vez compartimos cara a cara,
cuerpo a cuerpo, y que hoy lo hacemos recuerdo
a recuerdo, con alguna sabiduría campechana pero nuestra.

3
No hay rincones en nuestra relación de vos a vos,
todo es como aprendimos a vivir, con la cara al viento,
recibiendo a veces frío del sur, otras veces trayendo polvos
de tierra, según la distancia que nos une al sol, algunas veces
lluvias, otras mariposas que pueblan nuestros campitos.
Como no decirte te quiero pueblo, aldea, ciudad venerable,
amigo y amiga, compinche de cada una y de todas las travesuras
y
sonrisas desparramadas en cada esquina, en cada encuentro
con los que construyen las utopías, y se convierten en los
utopistas del hoy y el mañana, como no decirte te quiero,
infinitamente te quiero y así lo siento te vivo, te refundo en cada
suspiro, te llevo en mis entrañas.

4
Te quiero, porque sos la luz de mi conciencia, porque sos
el ser de cada uno de mis actos, la sombra de mi propia sombra
porque no necesito pensarte, sos mi pensamiento, sos mi
memoria que mantiene vivo los mejores recuerdos y archiva
en algún lugar del alma aquellos que me marcaron, pero que
también me hicieron aprender a tropezones que en esta relación
estamos hechos un par sinpar con pinceladas de tierra y vientos
de agosto, pero también con esos toques distintivos de la brisa
de una primavera que presagia la calidez del próximo verano,
dejando que el próximo invierno con su antesala de otoño, solo
sea la tierra cultivada para comenzar de nuevo otra esperanza.
Pueblo, aldea, ciudad compinche, no somos el resultado del plan
maestro, somos como somos, no hay plan que pudiera albergarnos,
simplemente porque aprendimos a que las relaciones de entre
dos, necesita una hoja en blanco, para poder garabatearle lo que
a vos y a mí nos venga en ganas, una buena manera de estar
donde los que se sienten libres de verdad, no están en el diseño.

5
Te imaginas como seríamos sin las libertades que dan
el pensamiento libre, ese que no viene entongado de
ideologías baratas, de recetas rebuscadas, que hacen rancio a
la antesala de lo por realizar, sin ni siquiera ponerle el oído a
los rugidos del futuro que busca su meta.
Hay silencios y también hay rugidos en la ruta que conduce a
vos amigo o amiga de un terruño que aún no tiene ni fronteras
ni nombre, al fin y al cabo te vas nutriendo de algunos pioneros
que quieren hacerte algo que inspire futuro, que albergue
algún sueño o alguna esperanza de que lo por venir traiga agua
fresca a mi pensamiento necesitado de alguna cosa o algún
augurio o mensaje que me haga necesario.

6
Debo decirte que hay desvaríos por las circunstancias que rodean
la existencia de alguien que no pretende ser diferente, más bien
genuino, porque el hoy es un malandra que intenta borrar el ayer
o quizás esquivarlo, para qué, sería la pregunta, cretina la respuesta,
para que no haya un hoy malandra, pero si un ayer, quién sabe,
quizás traiga la noticia esperada.
Te miro con alegría y con respeto que no es lo mismo que
observado, desde cada rincón del planeta que mis pies han
tocado, pero no pisado, sintiendo que una sonrisa cruza todo
mi ser, por pertenecerte a un lugar no uno cualquiera, un pedazo
de geografía que me dio lo necesario para que no todo sea en
vano, que hay un nido, o quizás una covacha donde uno pueda
hacer descansar su humanidad con dignidad y placer.

7
En una conversación cualquiera, donde el día cobache tu ser,
salen expresiones que todos conocemos, nuestro pueblo, aldea,
ciudad mediterránea, está a casi la misma distancia de los océanos
Pacífico y Atlántico. Que hay seres de nuestro terruño que se alzan
al cielo sin haber visto jamás el mar o una playa de agua salada.
Es parte de nuestra cultura y vale lo que vale difundirla. Nos
pertenece y merece conocer la luz del sol. Somos genuinos, no
queremos que nos confundan con latitudes extrañas, no somos
la Suiza cordobesa y ni la París ridícula. Somos un universo que
crece a lado del Ctalamochita. Un curso de agua que nos da vida y nos hace
pertenecer a una identidad de tierra adentro tan universal como las que más.
No hay o no debiera haber reclamos sin haber puesto el hombro,
no queremos ser el arco iris que sale después de una copiosa
lluvia o una lluvia cualquiera, queremos ser pioneros y le
transmitimos esos conceptos validos para nuestra comunidad
como lo fue en origen y como debiera ser es este hoy que mas
invita a la imitación que a lo genuino, eso que nos haga no
diferentes como si la diferencia fuera una virtud, que nos haga
distintivos en el hacer, en desarrollar y no solo lo que permite
la existencia material, también en lo que alimenta el corazón, el amor
la razón, la conciencia, la moral de haber contribuido a construir
una sociedad mejor, sin egoísmos, sin tantos egos que solo sirven
para elevar la estupidez humana a favor del interés de unos
pocos que en vez de servir han decidido servirse del prójimo,
aunque en ello se les vayan al diablo principios que alguna vez
pregonaron desde el convencimiento, pero que la vida fácil los
obnubiló o quién sabe qué fenómeno produjo la catarsis.

8
Río Tercero ciudad, una dama señorial, una amante exquisita,
de esas que marcan la conciencia y le pone raíces profundas para
que el ser nunca deje de pertenecer a su tierra, la que le limpió
los mocos, le dio ternura y por sobre todo una identidad única.
Río Tercero pueblo, aldea, ciudad, compinche en quien poner el
hombro y echar a volar por los rumbos a descubrir sintiendo que
a la vuelta de la esquina, en una calle cualquiera, en donde la suerte
nos tienda una mano, este compinche es mi brújula, es un rincón
acogedor, es la sabia que mueve mis sueños, es la sangre que
corre en cada una de mis venas como un caudaloso río, es el
sabor y el saber de que no hay dudas, nos pertenecemos en la
dimensión sin posesión, en la dimensión de los que aman la vida.
Con mi corazón zurcido, remendado, hilachento andando a los
ponchazos, aún así, mi rotoso corazón te tiene el mejor lugar
reservado para cobijarte o albergarte o compartir la calidez de
saber que un yo o vos tenemos un lugar en este universo.



Godoy, Carlos N. Prosa Río 3_100. - 1a ed. - Villa María : El Mensú Ediciones, 2013.
276 p. ; 21x14 cm. - (Mixturas; 5) ISBN 978-987-1894-21-5


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