28 de octubre de 2010

En busca de un tiempo olvidado - Liliana Fassi


La búsqueda genealógica es un espacio de experiencia que se abre desde mí mismo a los otros, de los que están en nosotros, los análogos de sangre y temperamento. Atravesamos nuestros límites para encontrarnos en un espacio de conmoción que despierta lo que hay de humano en nosotros, que apela a aceptar la totalidad de nuestro ser.

También hacer genealogía es un espacio de reconocimiento de la identidad cultural y tradicional; es ver nuestra existencia en referencia a otro horizonte mayor, en un itinerario que fluye desde un origen. Memorar es bucear en una identidad integrada.
Este libro propone una aproximación a tres posibles itinerarios de lectura. Remite a datos históricos y al devenir azaroso de sus descubrimientos. Recupera las voces de los otros, los recuerdos que erigen conos de luces y de sombras. También recrea literariamente sobre las fuentes recibidas, configura mundos posibles que se actualizan con verosimilitud y que confluyen en un solo sentir: recuperar la presencia
de los otros en un intento de dar vida a los que ya no están.
Una percepción especial, una mirada atenta se requiere para apropiarse de lo que se descubre y se dice de los antepasados. Es en los detalles, en la penetración en atmósferas e impresiones, en los pudores, temores y alegrías ante este proceso en donde reside la riqueza de esta obra.
Los documentos, las narraciones evocadas desde el recuerdo, la recreación literaria son los soportes de esta obra que narra la saga de familias inmigrantes con sus gozos y sus sombras.

Lic. Miriam Divito (del prólogo)





En todas las familias hubo siempre alguno de sus miembros que se hizo cargo de recoger y conservar la memoria familiar. A esa persona, algunos la podían considerar entrometida; bien mirada, era memoriosa e interesada; alguien a quien se recurría cuando se querían conocer las historias de vida de los ancestros.

Hoy, a ese interés se lo enmarca en una disciplina científica y a quienes siguen este camino se los considera genealogistas, ya sean aficionados o cuenten con conocimientos más avanzados. En cualquier caso, ese sujeto avalado por conocimientos especializados, por una metodología, por recursos específicos y por la documentación pertinente ve incentivada su pasión durante el proceso y se constituye
en el reservorio de los recuerdos familiares.
Las motivaciones para estas búsquedas pueden ser externas –por ejemplo, conseguir la documentación para tramitar una ciudadanía- o internas y, en estos casos, pueden no resultar del todo conscientes; probablemente subyace en ellas el deseo de conocernos a nosotros mismos, de conocer el origen; de comprender nuestro ser y estar en el mundo; de encontrarnos y entendernos a partir de saber algo de los que nos precedieron, en tanto la identidad se construye a partir de este conocimiento. Estas búsquedas están sostenidas por un intenso deseo de saber; un anhelo que se convierte en el motor que guía, que ayuda a sortear obstáculos y a persistir, a veces, durante largos años.

(de las Palabras Preliminares).






Cantalupa – Piamonte, 1914...

En todo “il borgo” se hablaba de la guerra. En la plaza, en la iglesia, en el mercado, no había otro tema.
La semana anterior, el Imperio Austrohúngaro había declarado la guerra a Serbia, como respuesta al asesinato del heredero al trono de Viena, el archiduque Francisco Fernando. Rápidamente, las naciones vecinas iban tomando parte en el conflicto y, aunque Italia aún permanecía neutral, no se sabía cuánto tiempo se mantendría esa
situación.
La idea de emigrar se iba extendiendo con creciente urgencia.
Muchos pensaban que era mejor hacerlo cuando todavía hubiera tiempo; sólo unos pocos creían que la guerra no duraría mucho.
Por todas partes, grupos de hombres y mujeres discutían sobre la participación de Italia en el nuevo conflicto bélico.
—Italia debería continuar siendo neutral. Después de todo, son las grandes potencias las que tienen intereses en juego.
...
—El asunto no es tan sencillo...


...
—Si nuestro país entra en guerra, mi Giacomo será reclutado. No soportaría perder otro hijo...
...
Vittoria salió de la iglesia y cruzó el viejo puente del monasterio, camino a la casa en la que vivía con su madre y sus hermanos. Delgada, aunque con rostro regordete, una blanca mantilla de encaje cubría su cabello corto y oscuro. Bajo sus cejas gruesas, sus ojos eran dulces y francos.
Su paso rápido no le impedía observar a los vecinos con los que se cruzaba y escuchar fragmentos de su conversación. Saludaba a unos y otros, todos conocidos en ese pueblo donde su familia era una de las más antiguas, descendiente de los pocos sobrevivientes de una epidemia de peste que, en los años 1600, diezmara la población.
—Buongiorno signora Teresa!
—Addio, Vittoria, saluda a tu madre de mi parte.
Había recorrido más de la mitad del camino cuando encontró a su madre, que regresaba de la casa donde trabajaba como sirvienta.
Marzialina era pequeña y delgada; llevaba el cabello claro estirado hacia la nuca. El entrecejo fruncido, las profundas arrugas a los costados de la boca y la mirada triste delataban que, en sus 51 años, había visto y vivido demasiadas cosas; cosas que su hija apenas podía imaginar.
Vittoria la tomó del brazo afectuosamente y caminaron juntas por una angosta y sinuosa callejuela que, hacia el norte, terminaba al pie de la montaña.
—Madre –dijo- los rumores son cada vez más preocupantes.
Alemania se alió a Austria y dicen que Francia tomará partido por Serbia.
—Otra vez la guerra –respondió Marzialina con tono cansado-. Aún no pasaron dos años desde que terminó la última y de nuevo el horror...
—Y ahora parece peor –afirmó su hija-. Aquella vez los campos de batalla estaban al otro lado del Mediterráneo, pero ahora...
—Ahora –la interrumpió Marzialina con la mirada perdida en una imagen que sólo ella podía ver- las trincheras estarán mucho más cerca...
quizás a las afueras del pueblo... y los cañones, las ametralladoras... los desertores...
—La gente habla de partir. Muchos están pensando en emigrar a América. Cuando salía de la iglesia escuché al signore Francesco decir que se irá a la Argentina ni bien tenga su pasaporte.
—Hace años que sus hijos están allí, al igual que tu tío Gioaquino y tus hermanastros Carlo y Teodoro.
—¿Cree usted que nosotros deberíamos hacer lo mismo? –Vittoria no pudo evitar el temblor de su voz.
Marzialina no respondió, pero la joven sospechaba que la idea daba vueltas en su mente en los últimos días.
Cuando Medina, su hija mayor, se fue a la Argentina a poco de casarse, temió no volver a verla. El matrimonio tenía la intención de regresar cuando hubiera ganado el dinero suficiente para mejorar su vida, pero Marzialina nunca pudo desechar la íntima convicción de que jamás volvería abrazar a su primogénita.

(fragmento de narración literaria)



Liliana Fassi nació en La Palestina (Córdoba) en el año 1962. Reside en la ciudad de Villa María desde 1968.
Es Licenciada en Psicopedagogía, graduada en la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Durante los años 1998 y 1999 publicó artículos en “El Corredor Mediterráneo”. Suplemento Cultural de Puntal. Río Cuarto/Villa María/San Francisco.
Conjuga el interés por la creación literaria y la narrativa con la investigación genealógica, a la cual se ha dedicado en los últimos años. Este interés la ha llevado a investigar sus orígenes y a recrear literariamente la historia de la inmigración de sus ancestros.


Datos del libro:
En busca de un tiempo olvidado: un viaje a mis raíces para recobrar historias de inmigrantes, de Liliana Fassi, 1a ed., Villa María, El Mensú Ediciones, 2010, 250 p.; 21x15 cm, (Mixturas; 1). ISBN 978-987-25748-6-4.-

Toda la información en: www.lilianafassi.com.ar



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